Gente silenciosa limpiando las calles después de la víspera de Año Nuevo
Después de la víspera de Año Nuevo, los trabajadores de saneamiento ambiental en provincias y ciudades como Hanoi, Ciudad Ho Chi Minh... entran urgentemente en el turno de recogida de basura.
Cuando los fuegos artificiales brillan intensamente en el cielo de Hanoi, Ciudad Ho Chi Minh y muchas grandes ciudades cierran, en las calles que todavía huelen a humo de petardos, en medio de un vertedero de basura lleno de botellas de plástico, bolsas de plástico, papel usado..., los trabajadores de saneamiento ambiental entran silenciosamente en su turno de trabajo.
El sonido de escobas de bambú barriendo la superficie de la carretera, el sonido de los camiones de recogida de basura rodando regularmente en la noche.
Devuelven una apariencia limpia a las calles, para que en la mañana del primer día, la gente salga a la calle con una sensación fresca y ordenada.
En los lugares donde mucha gente se reúne para ver los fuegos artificiales, la basura a menudo se acumula en montones.
Después de solo unas horas de diversión, el espacio público puede convertirse en un "campo de batalla" de envases y sobras de comida. El trabajo de los trabajadores de saneamiento se vuelve aún más pesado.
Tienen que trabajar toda la noche, aprovechando cada hora para recoger, clasificar y transportar a tiempo, evitando la congestión y la contaminación.
Entre esas imágenes poco atractivas, todavía hay puntos brillantes que vale la pena apreciar.
No pocos jóvenes se quedan después del festival, recogiendo activamente basura, recogiendo cada lata de agua, trozo de papel y poniéndolos en la bolsa. Esas pequeñas acciones muestran que la conciencia comunitaria está aumentando gradualmente.
Cuando la gente entienda que cada pedazo de basura que deje se convertirá en una carga para otros, comenzará el cambio.
Pero a pesar de las manos voluntarias adicionales, el trabajo principal sigue perteneciendo a la fuerza de los trabajadores de saneamiento. La limpieza y belleza de la ciudad es el resultado de su sudor y perseverancia.
Una ciudad civilizada no solo se mide por los edificios de gran altura o los brillantes fuegos artificiales, sino también por la forma en que los residentes se comportan con el espacio común.
Verter basura indiscriminadamente no solo viola las regulaciones sobre higiene ambiental, sino que también muestra falta de respeto a la comunidad.
Cada bolsa de basura colocada en el lugar correcto es un acto cultural, cada vez que me inclino para recoger la basura es una forma de mostrar la responsabilidad ciudadana.
En la primera mañana del año, al caminar por un camino limpio, recuerda que hay personas que se han quedado despiertas toda la noche para cuidarlo.
La gratitud no se detiene en las palabras de agradecimiento, sino que debe transformarse en acciones concretas. No tirar basura, limitar los artículos de plástico desechables, recordar a los familiares que lo hagan juntos.
Una ciudad limpia y hermosa no se debe a un milagro después de la víspera de Año Nuevo, sino a los pasos silenciosos en la noche y a la conciencia de cada ciudadano.
Si todos cambian desde lo más pequeño, la carga se aliviará en los hombros de los trabajadores ambientales.
Y la primavera será verdaderamente completa, no solo por los fuegos artificiales en el cielo, sino por el estilo de vida civilizado bajo tierra.
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